Adivino que un viento fuerte va a soplar, está en el aire eléctrico de algunas mañanas, en el insoportable resplandor de todos los mediodía, en el comienzo de la noche que nos zambulle a todos en la oscura aventura de esperar con confianza que volverá a amanecer.
Pero prefiero no adivinar, sorprenderme, quedarme desprevenido, llegará lo nuevo y vendrá el Monzón, la Tramontana, o el Pampero, confirmando mis sospechas, despeinando las certezas, dejándome entregado a la brújula de la intuición que se presentará para darme un rumbo o zozobra en las aguas profundas del porvenir que traen lo que no sé.
La incertidumbre del explorador espacial que sin conexión con Huston pedalea su nave para llegar al planeta desconocido, la incertidumbre de un náufrago que nada hacia la isla de un horizonte , sin saber si una colonia de jíbaros o un paraíso con una laguna azul, están ahi esparándolo.
Ya me dejé ilusionar por espejismos que mienten con perverso realismo imposible de no creer, no espero que se cumplan los planes, espero que estos mejoren o empeoren, ahora ya sé que la hoja de ruta tiene faltas de ortografía, sintaxis y redacción.

