En la fila de mas arriba de un cajón de la frutería hay un durazno machucado que rueda entre los otros rosagantes duraznos cada vez que un kilo de semejantes peludos se va en una bolsa de nylon.
No quiero estar en tu ensalada de fruta ni en tu licuado.
No quiero estar en el centro de mesa esperándote , prefiero seguir acá rodando y machucándome con cada golpe .
Soy el último durazno del cajón y comienzo a sentir en mi carozo las ganas de que vengas , me huelas, que no te importe lo machucado que estoy y me comas al sol.
Matando la sed con la saliva es un blog para mientras tanto , donde hace frío y desde allá dentro saltan ideas como panteras .
miércoles, 2 de noviembre de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
el Monzón, la Tramontana, o el Pampero
Adivino que un viento fuerte va a soplar, está en el aire eléctrico de algunas mañanas, en el insoportable resplandor de todos los mediodía, en el comienzo de la noche que nos zambulle a todos en la oscura aventura de esperar con confianza que volverá a amanecer.
Pero prefiero no adivinar, sorprenderme, quedarme desprevenido, llegará lo nuevo y vendrá el Monzón, la Tramontana, o el Pampero, confirmando mis sospechas, despeinando las certezas, dejándome entregado a la brújula de la intuición que se presentará para darme un rumbo o zozobra en las aguas profundas del porvenir que traen lo que no sé.
La incertidumbre del explorador espacial que sin conexión con Huston pedalea su nave para llegar al planeta desconocido, la incertidumbre de un náufrago que nada hacia la isla de un horizonte , sin saber si una colonia de jíbaros o un paraíso con una laguna azul, están ahi esparándolo.
Ya me dejé ilusionar por espejismos que mienten con perverso realismo imposible de no creer, no espero que se cumplan los planes, espero que estos mejoren o empeoren, ahora ya sé que la hoja de ruta tiene faltas de ortografía, sintaxis y redacción.
QUIERO NAUFRAGAR Y SOLO ME ENCALLO
quiero naufragar y solo me encallo ,
me suelto de la realidad y tropiezo con las facturas del teléfono,
abrazo a un amante y no hay amor,
despido a quien no llega por miedo a que se quede ,
se caen los velos de los chicos del arén ,
subo la montaña sin saber que es un volcán a punto de hacer erupción .
Concédeme la gracia de la castidad, pero todavía no
"En la aurora de mi juventud, te había yo pedido la castidad, pero sólo a medias, porque soy un miserable.
Te decía yo, pues: Concédeme la gracia de la castidad, pero todavía no; porque tenía yo miedo de que me escuchases demasiado pronto y me librases de esa enfermedad y lo que yo quería era que mi lujuria se viese satisfecha y no extinguida".
San Agustín
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