viernes, 6 de mayo de 2011

LA CULPA DEL YO INFIEL




Es de madrugada, estoy casi solo frente a la catedral, es
 enorme, se estira hacia arriba en puntas de pié como una loca.
Todo el merchandaising me sugestiona y supongo que los espíritus de Picasso, Miró, Gaudí, Dalí andan dando vueltas por aquí asqueados de tantos turistas.
Me pierdo, tengo la impresión de estar caminando en círculos, o en espiral, en ese caso bajo, porque hay menos luz, poca gente, también extranjeros, pero no turistas, son marroquíes, tunecinos, dominicanos.
Como por un tobogán van unas pesetas hasta el fondo de un teléfono público que me deja hablar con mi país, grito un saludo como si no se escuchara bien, del otro lado la voz de El, está lejos, en el medio está todo el Atlántico, en el medio están todos los chicos salidos de las discotecas: OXEN, BUNKER, ARENAS, MARTINS, THERMAS, METRO.
Llamar por teléfono comienza a parecerse a marcar tarjeta, de hecho muchas veces uso una que dice telefónica y esa llamada no logra matar la culpa del yo infiel.


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