viernes, 6 de mayo de 2011

Esa mueca prometedora.



La  sonrisa apareció detrás de un vaso con espuma de cerveza, Luis tiene 32 años toca el piano en un hotel aunque parece más que jugara al futbol con 10 compañeros,  o esa fue en ese momento mi fantasía.
Pertenece a la raza todo terreno, según mi propia clasificación, nada de lo que le digo le interesa demasiado, se ríe cada tanto y en esa mueca interpreto una frase : ¡ cómo te voy a follar ¡.
A mí tampoco me interesa mucho lo que dice, le miro los ojos y parece que parpadeara en cámara lenta.
Pasa su vaso de una mano a la otra, como una polaroid mi cabeza saca una foto:  sus ojos cerrados, esa sonrisa, el vaso en el aire y play otra vez…
Desde el primer beso comienza a morderme los labios. Cuando me di cuenta que habían comenzado a ponerse en marcha no solo mis motores de siempre sino otras máquinas, las de más allá al fondo ya estábamos en uno de los baños con los jeans en el suelo y camino a explotar.
Estas máquinas, las de más allá  no pararon hasta dejarme en su casa y hacer realidad lo que prometía su sonrisa.
Tenía una actitud casi profesional para coger, no se bien que quiere decir esto, lo cierto es que no puedo imaginar un gozo mas desesperante, explotar es la mejor palabra.
Como en etapas se apagaron las máquinas, luego los motores y me quedé dormido.
Cuando desperté su brazo era un zarpazo sobre la almohada nada propio de un pianista pensé.
Me gusta verlos dormir, casi siempre me despierto yo primero, me gusta adivinar quienes son.
Los pongo debajo de una lupa para la cual no pueden posar, todos se vuelven como niños, es como si en sueños  viajaran al mismo lugar.
Tengo curiosidad de mi mismo, de si me veo así cuando duermo, no estoy seguro de tener a quien preguntarle.
Esta lupa supongo que a veces distorsiona, puede ser la resaca de la noche anterior.
El es raro, no sé si el sueño lo ha llevado lejos o está ahí nomás haciéndose el dormido, espiándome.
 Increíble comienzo a ponerme paranoico, no está dormido o sí?
 Al tiempo que pienso esto el abre sus ojos sin sueño como quien golpea sus manos para asustar, se ríe y otra vez esa mueca prometedora.


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