Las monedas del país anterior todavía sonaban en su bolsillo, la arena de la playa en la que había estado desde las sandalias se desparramaron por toda la valija durante el viaje de 10 hs. rumbo al sur.
La noche zambulló al avión en un demorado viaje que pronto traería en la ciudad destino tanta emoción como tres años puedan guardar.
Los secretos una vez que se cruza el ecuador parecen menos confesables.
El free shop hubiera sido una excusa para demorar un rencuentro inminente y gastar el poco dinero con el que volvía.
Salió, busco entre la gente, acomodo mejor el bolso en su hombro y con el mismo movimiento trato de darse ánimo.
No lo esperaban.
Prendió un cigarro después de 10 horas en la vereda del aeropuerto, los que llegan se apuran por llegar mas allá, suben a taxis, autos, camionetas y se van.
Antes de terminar el cigarro ya eran pocos los que quedaban del demorado vuelo, volvió a entrar y desde un teléfono colgado en la pared llamó, no había nadie ni para esperar que llegara su avión ni para contestar su llamada.

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